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¿Pones cabeza y corazón en tu trabajo?

10:00 hs. | 27 de Octubre |

¿Pones cabeza y corazón en tu trabajo?

Por: Lourdes C. de Ocampo.

¿Qué es lo primero que se nos viene a la mente al escuchar la palabra trabajo? Alguien me comunicó que usaría esta pregunta como punto de arranque de una conferencia que estaba preparando,  y no resistí la tentación de reflexionar al respecto. Para cada quien, según las circunstancias personales del momento, la palabra trabajo traería entre otras las siguientes: interesante, emprender, aprender, crear, necesario, comprometerse, esfuerzo, negocio, dificultad, importante, utilidad económica, beneficio social, servicio, e incluso evasión…

El trabajo es connatural al ser humano. Desde su inicio la vida se desarrolla y crece por medio del trabajo biológico fisiológico y orgánico que se realiza durante todo el tiempo que dura la gestación  y, cuando llega el momento de nacer, el bebé también realiza de manera natural un esfuerzo -una serie de movimientos que le permiten acomodarse para el alumbramiento-.

El ser humano no podría vivir sin el trabajo que su propio organismo realiza sin su consentimiento. Un niño depende inicialmente del cuidado y del trabajo de sus progenitores, sobre todo en los primeros años. A lo largo de su existencia, cada ser humano es dependiente de otros en diferentes momentos y circunstancias, especialmente al principio y al final de su vida.

La vida es la forma de unión tangible más fuerte que existe tanto entre los humanos como entre éstos y la naturaleza. Podría imaginársele como una red invisible -de fuerte sustento- que une todo el universo con cada persona…  Sin embargo la existencia misma nos demuestra que la vida es frágil, en cualquier momento puede terminarse -al menos en la forma como hemos aprendido a verla-.

La realidad es que tenemos esta forma de vida mientras nuestro cuerpo mantiene la capacidad de trabajar internamente. Nuestro organismo funciona, nos permite pensar, movernos, comunicarnos, hacer… y todo esto puede ocurrir con algunas dificultades, obstáculos, e incluso con graves carencias como pueden ser la ceguera o la ausencia de extremidades… La vida busca continuar a pesar del esfuerzo, el dolor y la mínima esperanza que se pueda tener…

La vida de una persona es lo más valioso que existe… ¿Por qué no es apreciada por todos lo suficiente como para cuidarla con más esmero en uno mismo, en los que amamos, y para respetarla en los demás? La historia del mundo habla de las múltiples veces que la vida ha sido esclavizada; llevada a la guerra; torturada y sacrificada por defender un ideal, o por estar en contra; muchas vidas han sido exterminadas por considerarlas una amenaza…

Actualmente hay escenarios que son evidencia de que la vida humana está siendo percibida con un sentido materialista, como “cosa”, como algo que puede utilizarse, comprarse, o desecharse cuando ya no representa ningún beneficio para quien la ve así, e incluso ser eliminada  por estorbar a los fines del poder.  En algunas películas y series de televisión se usa la expresión: “Te tengo un trabajito”,  cuando se trata de cometer un acto violento o corrupto… ¿Qué hay en el corazón de algunas personas que no tienen el valor de respetar la vida?

El trabajo -nos demos cuenta o no de ello- es vital en cada ser humano, y la finalidad del mismo es servir a quien lo realiza y también a los demás. Pero, si se pierde de vista el valor y el sentido trascendente del trabajo, éste puede llegar a convertirse en algo nocivo para muchos y para el trabajador mismo. Todo lo que se hace directa o indirectamente, en perjuicio de otro, daña necesariamente al ejecutor.

Incluso si el trabajo es usado como un medio de evasión, algo que puede resultar económicamente muy productivo quizá resultaría perjudicial en otro sentido, porque se estaría dedicando al trabajo un tiempo que sería de más provecho para el que lo realiza y para quienes necesitan de su presencia en otro ámbito, como puede ser el de la familia.

Poner cabeza y corazón en todo lo que se realiza, permite visualizar las consecuencias y efectuar oportunamente los cambios que sean necesarios para empezar a valorar la vida. No es fácil, pero es quizá… el mejor trabajo del mundo.

 

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