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Las dimensiones de la riqueza

10:26 hs. | 15 de Noviembre | Portada

CONFERENCIA

“Las dimensiones de la riqueza”

Un tema que abarca en su magnitud al ser humano, fue expuesto a los Padres de Familia del Instituto Chapultepec, por el Dr. Juan López Padilla, conferenciante de talla internacional, que dicta sus pensamientos con la autoridad de quien quiere compartirlos, porque sabe que la sociedad contemporánea necesita tener presente lo que es esencial para vivir el camino hacia la plenitud.

Inició la conferencia recordando que Juan Pablo II nos hablaba de la distribución universal de los bienes. En este contexto expresó: “Quiero hablarles de la riqueza, de la riqueza natural. Procuren que sus hijos sean más ricos, y ustedes también, pero con una riqueza con la que una persona pueda tener  dominio de sí. La riqueza del hombre es interior, no exterior”.

El éxito medido bajo parámetros económicos

“Hoy le rendimos culto a los bienes y servicios, que en cualquiera de sus materialidades  se han convertido en un nuevo dios.  Tenemos al alcance de la mano un conjunto de bienes que era imposible que nosotros tuviéramos… Nos divertíamos con unas canicas, un balero, o un trompo; y las niñas con una muñeca, y conforme avanzaron los tiempos con una Barbie”.

Es imposible que hoy un muchacho pueda aspirar a la verdadera riqueza -expresó, aludiendo a  toda la tecnología de comunicación y entretenimiento de que se dispone actualmente-. “Le estoy profundamente agradecido a mi madre, porque de niño no tenía más que lo absolutamente necesario para comprarme un pequeño juguete” -señaló-.  Hoy tienen bicicleta de montaña, cel, carro… Vivimos en cierto sentido rindiendo culto a los bienes.  Si no nos decidimos a formar a los hijos en la sobriedad, estaremos formando una especie de neuróticos en potencia -apuntó-.

Pedro, ¿me amas?

Citando la pregunta que Jesús hizo por tres veces al apóstol Pedro,  el Dr. López Padilla expresó que la pregunta importante al hombre es sobre el amor y no sobre los bienes materiales que tiene.  “Los bienes materiales son deleznables, se acaban; en cambio, los bienes espirituales permanecen”.

“No es normal que un muchacho sólo esté pensando en cosas económicas, es anormal, constituye una cierta psicopatología” -expresó, aclarando- a menos que lo invierta, que sea una persona capaz de dar un sentido trascendente a su afán productivo.  “La riqueza material es buena, mientras no sea uno depauperado intelectual y espiritualmente”.

Educación, amor, cultura…

Y continuando con la idea de que la pregunta importante al hombre es sobre el amor, aconsejó que los alumnos vayan a la librería, que sus padres les regalen de Navidad libros… “Un cuarto sin libros es como un barco sin agua”, y repitió que “La formación cultural, intelectual, espiritual se adquiere mediante el estudio”.

Aludiendo al ambiente, señaló  que los muchachos están esperando que llegue el fin de semana para meterse a un antro. “En la obscuridad a lo mejor están bailando con un hombre y no se dan cuenta”.

El hombre contemporáneo cree tener todo,  cuando lo verdaderamente importante es qué hace con su vida. “Caballeros, quieran a su mujer con pasión, con placer sexual. Cuanto más ordenadamente amen, más placer tendrán, no por el placer mismo, sino porque aman”.

“No es casa la casa donde no hay mujer”. El marido quiere encontrar la casa arreglada y a su mujer guapísima.  Ser encantadoras es su riqueza, una mujer puede ser tan guapa como se lo proponga”

“Es muy bueno tener odio a los defectos de las personas, pero no a las personas.  Hay que tener esperanza y audacia en la vida, superar el miedo y de vez en cuando manifestarse con ira… Los varones tenemos que educar masculinamente a los hijos y femeninamente a las hijas. A veces los hombres están ausentes de la educación y otras veces actúan como mamás…  Es el padre de familia quien tiene la obligación de educar a los hijos”

Y sin ninguna pausa, como siguiendo un pensamiento central, expresa: “Señoras, mimen a sus esposos,  y ustedes apapachen a sus mujeres, llévenlas a bailar, o en casa destapen una botella, pongan música y bailen…”  Se ha perdido el romanticismo… El día que la mujer deje de usar rímel y el hombre de hacer poesía, el mundo está acabado.

“Los animo a que pongamos cultura intelectual, riqueza espiritual en los hogares.  Hay que enseñar a los hijos a amar -y precisó- Que la formación afectiva no se reduzca a una charla prematrimonial...  Hay que inculcar en los hijos la importancia de ser fieles a su cónyuge, porque lo único que no muere es el amor”.

“Lo único maravilloso de esta vida es podernos trascender, que ustedes se trasciendan en sus hijos, en sus nietos”  Juan Pablo II dijo “Es más importante poner riqueza en el corazón”. Amar más, más intensamente…  el amor puede menguar o crecer, háganlo aumentar.

El amor no consiste en estar juntos, sino unidos

“El hombre contemporáneo va pasando todos los canales del televisor con una fluidez que no ve nada…  Si el marido está viendo el futbol, acérquense y no le pregunten quién está jugando, porque les va a decir no me molestes”; acérquense con un six y unos cacahuates, y acompáñenlo.

“La vida no consiste en entendernos, sino en amarnos.  Traten a sus mujeres con cariño, conversen con ellas, tengan ternura masculina.  Ellas quieren sustento financiero, honradez y compromiso familiar.  Y si ustedes mujeres, se entregan a su marido, no les va a fallar”

Y, refiriéndose nuevamente al ambiente, reconoció: “Se está expuesto a un conjunto de vicisitudes que el mundo nos presenta. Cuídense, yo les recomiendo que como parte de esta riqueza, se vayan con su marido de luna de miel cada año. Que se vayan con frecuencia y platiquen sólo de ustedes, no de los niños.  Hay que vivir una unión, el amor no consiste en estar juntos, sino en estar unidos.

Educación diferenciada.

Sobre este tema el expositor señaló que hombres y mujeres somos diferentes, y que por tanto no se puede pretender educar a los niños como se educa a las niñas. Hay que formar a los varones como varones y a las mujeres como mujeres.  “Hay que formar a los hijos, enseñarles la riqueza de la sexualidad; y aconsejarles elegir alguien mejor que ellos; amar a una persona significa pronunciar un tú y un si con sentido”.

“El que nada ama, nada vale”

“Es importante desde el punto de vista empresarial, que eduquemos a los hijos para que sean generosos. Es momento de ver las necesidades de los demás como nuestras… Vivir la cultura de la solidaridad” -expresó, insistiendo de nuevo en la necesidad de formar hijos  generosos, que quieran hacer crecer el nivel económico de los demás-.

Hay que enseñarlos a ser amigueros

“Hay que ser amigos de Dios y amigos de los demás.  Ser amados es ser tomados en cuenta. Si algún día Dios llama a alguno de sus hijos a entregarse totalmente a Dios, no lo vean como un fracaso, sino como un logro” Tenemos que apostar al amor, tenemos que creer en el amor.

“Amar no significa mirarse recíprocamente a la cara, sino mirar juntos en la misma dirección, a un mismo proyecto. Esto es la familia”

Lourdes C. de Ocampo.

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