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Acercarnos al sacramento de la Reconciliación, es acercarnos a Jesús para que nos sane.

11:56 hs. | 22 de Noviembre | Portada

Acercarnos al sacramento de la Reconciliación,

es acercarnos a Jesús para que nos sane.

Recientemente, el Papa Francisco, nos hablaba a todos de la alegría que nos trae la reconciliación a través del sacramento de la confesión.  En su mensaje, abordaba tres puntos importantes que los bautizados debemos tener presentes:

El primero, es que el Espíritu Santo es el protagonista del perdón de los pecados. Y vuelve a recordarnos que en la primera aparición a los apóstoles, en el cenáculo, Jesús les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengáis los pecados, éstos les son retenidos." (Jn 20, 22-23).

El Papa destaca también, junto con estas palabras, el detalle de que Jesús hizo un gesto de soplo sobre los apóstoles, dándoles el don del Espíritu Santo, del que proceden la paz, la alegría, el perdón de los pecados y la misión que a partir de ese momento les ha sido encomendada.

Y también nos señala, que antes de donar el Espíritu Santo a sus apóstoles, Jesús les muestra sus llagas, en las manos y en el costado: estas heridas representan el precio de nuestra salvación. El Espíritu Santo nos trae el perdón de Dios "pasando a través" de las llagas de Jesús. (…). Así Jesús ha dado su vida por nuestra paz, nuestra alegría, por la gracia en nuestra alma, por el perdón de nuestros pecados. (…)

En segundo elemento señalado por el Papa, es que Jesús mismo ha querido que cuantos pertenecen a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón mediante los ministros de la Comunidad (…). Cierto, Dios perdona a cada pecador arrepentido, personalmente, pero el cristiano está unido a Cristo, y Cristo está unido a la Iglesia. Para nosotros cristianos hay un don más, y hay también un compromiso más: pasar humildemente a través del ministerio eclesial.

Con la sencillez que le caracteriza, el Papa Francisco nos dice que el acto de pedir perdón y escuchar que somos perdonados, nos da la seguridad de que Dios nos ha perdonado. Dios siempre nos perdona, no se cansa de perdonar. Nosotros no debemos cansarnos de ir a pedir perdón.

En un tercer punto el Papa nos recuerda que el sacerdote es un instrumento para el perdón de los pecados: El perdón de Dios que se da en la Iglesia, nos es transmitido por medio del ministerio de un hermano nuestro, el sacerdote; también él, un hombre que como nosotros necesita misericordia, se convierte verdaderamente en instrumento de misericordia, donándonos el amor sin límites de Dios Padre. También los sacerdotes deben confesarse, también los obispos, todos somos pecadores, también el papa se confiesa cada 15 días, porque el papa también es un pecador. (…)

Al llegar a este punto, el Papa comenta: A veces sucede escuchar a alguno que afirma confesarse directamente con Dios. Sí, como decía antes, Dios nos escucha siempre, pero en el sacramento de la Reconciliación manda a un hermano a traerte el perdón, la seguridad del perdón en nombre de la Iglesia.

Y con la misma sencillez nos aclara: El servicio que el sacerdote presta como ministro, de parte de Dios, para perdonar los pecados es muy delicado, es un servicio muy delicado y exige que su corazón esté en paz, que el sacerdote tenga el corazón en paz; que no maltrate  a los fieles, sino que sea apacible, benévolo y misericordioso; que sepa sembrar esperanza en los corazones y, sobre todo, sea consciente que el hermano o la hermana que se acerca al sacramento de la Reconciliación busca el perdón y lo hace como se acercaban tantas personas a Jesús para que les sanase.

 

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