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Notas y Artículos

Doble Despertar

12:28 hs. | 20 de Junio |

...Continuación del cuento ganador de la II Jornada Cutural de High School, titulado: Doble Despertar, autor: Raúl Monraz.

El teléfono sonó, el suave y melodioso sonido, que en mis horas diurnas se traducía en pan en la mesa, se volvía cada vez más irritante cuando se trata de ignorarlo para seguir durmiendo.

 –Maldita sea, ¿Por qué no lo puse en silencio? Seguro es mi editor que quiere que haga una redacción de último minuto sobre alguna noticia que seguro nadie leerá- pensé-, no había tenido tiempo de abrir los ojos cuando mi estómago me recordó que había malcomido los últimos 3 días y  dado que el día de paga era mañana no estaba en mi conveniencia dejar a otros el trabajo, por más insignificante que fuera.

No sé con certeza cuál fue el origen de las fuerzas que me hicieron contestar esa llamada inoportuna, tal vez fue una corazonada, el destino – como diría un colega determinista-,  o simple apetito, pero hasta el día de hoy estoy seguro que no cambiaría la decisión que tomé en aquella tranquila y serena noche de otoño que pronto se tornaría en una de las más misteriosas que haya tenido alguna vez.

Contesté, como supuse, era mi jefe. Su usual tono de voz fuerte y exigente sonaba más amable que de costumbre, quería que cubriera una escena del crimen, sin dudarlo acepté. Por mi mente no pasaba temor alguno, las notas rojas eran muy comunes en aquellos días, lo único que tenía que hacer era manejar unas cuadras, preguntar los datos del siniestro, redactar un relato de lo sucedido y ganaría lo suficiente como para subsistir, literalmente pan comido.

Había cubierto muchos hechos violentos en los pocos años que me había dedicado al periodismo, choques, asaltos, secuestros, asesinatos y hasta masacres; ahora que lo pienso tengo suerte de conservar mi tranquilidad al dormir después de haber vivido tan cerca y con gran lujo de detalles todos los crímenes que sucedían en mi propio vecindario. Quizás los altos índices de violencia me habían vuelto frío e inmune ante las tragedias de la vida, y con eso también ante la mía: mi propia indiferencia.

Por fin llegué; sin distracciones ni sentimentalismos crucé la línea policial y me dirigí a mi destino. Había caminado yo escasos metros cuando una sensación de ansiedad e incertidumbre se apoderó de mí ser, una ráfaga de viento cruzó por mi nuca poniéndome los pelos de punta y haciéndome temblar por un segundo, -Tengo que terminar esto cuanto antes, si me enfermo los medicamentos me costarán caro – murmuré.

Lo primero que llamó mi atención fue el inusual silencio y quietud del lugar; si, era de noche y la temperatura era muy baja gracias a las heladas de esos días, pero había algo raro que no sabría describir con palabras, todos se encontraban ausentes, personas que usualmente se quedaban de mirones en esta ocasión iban en dirección contraria, abandonando el lugar con una vaga mirada y apenas fijándose en donde pisaban. La situación de la policía era muy similar a la de los civiles, ellos sin embargo estaban sumamente concentrados en su trabajo, también algo muy inusual, la mayoría de los oficiales estuvieron reacios a contestar mis interrogantes hasta que un solitario oficial me puso cierta atención.

 –Buenas noches, ¿Me podría proporcionar información para escribir mi nota?- le pregunté-, en cuanto terminé de hablar simplemente bajó la mirada y siguió escribiendo y llenando formularios y trámites oficiales, ni se molestó en si quiera decirme que no.

 – Señor no sea desconsiderado, no pido mucho sólo una breve descripción de los hechos bastará- exclamé con cierto enfado-, el oficial se me quedó viendo fijamente con una mirada de desaprobación y me dijo –Usted no comprende joven, o estamos todos locos o aquí hay algo con lo que no se debe jugar, si quiere datos deberá conseguirla por sus propios medios, que yo ni nadie sabe exactamente lo que pasó-.

Las palabras del oficial me desconcertaron más sin embargo alimentaron mi curiosidad e interés por el caso, no era más que eso, simple curiosidad y deseo por algo diferente, pues esperaba ver algo que me sorprendiera.

 Continué y enfoqué mi mirada en la enorme mansión ubicada en una singular depresión del terreno, pensé en lo extraño que es encontrar ese tipo de casas y más aún que estaba construida en tan difícil terreno, habiendo muchas otras zonas en las cuales construir. Al aproximarme a la gran casa, percibía con más facilidad los pequeños detalles que la adornaban,

Por un momento dudé en entrar a tan decaída casa, sin embargo mi curiosidad me armó de valor y atravesé  tal singular portal adornado con negras rejas de hierro; la noche se tornó silenciosa, y yo no sabía si sentir calma o temor, sensación ni fría ni ardiente, firmemente tibia y sin cambios.

Me faltaba un largo camino por recorrer, nunca fui bueno para las distancias, pero estaba seguro que la caminata a la mansión sería larga y solitaria.

Iba muy concentrado, se esperaría que estuviera consternado por la horripilante escena que presenciaría en no mucho tiempo, la realidad era una muy distinta, mi interés estaba movido por un morbo que se había vuelto ya muy exigente y que esperaba conocer lo sucedido para tranquilizarse.
 
No fue necesario mucho tiempo para que me olvidara del propósito que me movía hacia la ya cercana mansión. Mis pensamientos estaban dándole vuelta a varios problemas que invadían mi mente, sabía que eran triviales, egoístas y que mal gastaba mí tiempo pensando en ellas, sin embargo era lo único que importaba en mi mundo.
 
Continuaba con la introspección cuando de pronto me vi en el suelo, había tropezado con una roca en el camino, caí en un charco inusualmente profundo y me mojé todo excepto mis brazos y mi cabeza. Enfadado por haber arruinado mí ropa, y a la vez aliviado por no haber mojado mi costosa cámara que traía en las manos, me puse de pie no sin antes escuchar una aguda risa a lo lejos.
 
No le tomé importancia hasta que volví a golpearme con la rama de un árbol en medio del camino, esta vez mi cámara cayó al suelo y se rompió en pedazos, no sin antes cegarme con el deslumbrante flash que se disparó al  tocar el suelo, obviamente me enfadé muchísimo, no me preocupaba que no pudiese tomar fotos, al fin y al cabo yo pensaba que a la nota no se le daría mucha importancia, más bien me preocupaba que yo tendría que pagarla de mi bolsillo.

Traté de salvar lo que quedaba de la cámara, lo único útil era el lente, había quedado tintado de un color grisáceo. También pude encontrar entre los restos el rollo, lo examiné con detenimiento para ver que no se hubiera dañado, parecía estar bien. Me di cuenta que ya no quedaba película para más fotos, aunque mi cámara siguiera intacta no habría podido captar la escena del crimen, había olvidado traer rollos extras conmigo.

El enojo me duró unos minutos, juraría que el árbol había crecido de la nada, me extrañé de no notarlo antes; aunque a veces camine de manera distraída siempre procuro mirar por donde voy cada cierto tiempo.

Nunca había creído en sucesos paranormales ni en alguna de esas fantasías, pero esto verdaderamente estaba sembrando la duda en mí… ¿A qué se habría referido el extraño policía?  ¿Por qué era el único reportero caminando hacia ella? ¿Por qué estaba más distraído que de costumbre y me sentía observado? ¿De dónde había venido aquella risa burlesca? ¿Y por qué el lente de mi cámara estaba opacado?

Llegué finalmente a la puerta de la inmensa morada, toqué el timbre más nadie contestó. Traté de abrir la puerta y estaba trabada, no había nadie dentro de la casa, parecía vacía. Mi trabajo ha terminado pensé, inventaré algo y eso es lo que publicaré mañana, nadie se dará cuenta, no mucha gente lee con interés las sección policiaca… Cuando di el primer paso de camino a casa la puerta se abrió de golpe.

Creí que las corrientes de aire que me habían causado sentir frío durante la caminata eran las responsables de tal suceso, así que no dude en entrar, es más fácil escribir algo que sucedió que imaginar algo desde cero.

Al principio no lograba ver nada, podía oír un llanto, pero nada más. Las luces se encendieron, había una mujer llorando al lado de una bolsa con un cadáver dentro. –Buenas noches señora, soy reportero del diario matutino, ¿Me pudiera dar información acerca de lo que aquí ocurrió?- dije en un tono monótono.

-Si joven, lo que aquí ocurrió es una tragedia, mi esposo decidió terminar con su vida- replicó la melancólica mujer.

-Solo necesito saber lo esencial, nombre, edad, ya sabe lo rutinario. Solo necesitamos llenar un pequeño espacio en la sección policiaca- le dije.

-¿De verdad no le interesa saber lo que llevó a este buen hombre a quitarse la vida? , ésta no es una muerte ordinaria, y aunque lo fuera merece un espacio en la memoria colectiva de la sociedad, pues lo ordinario es lo que hace que la sociedad pierda valiosas personas, algunas víctimas de las circunstancias y otras no tanto.

-Lo siento señora, pero…- no pude terminar lo que quería decir, la triste mujer se derrumbó en mi hombro y entre lágrimas y sollozos empezó a narrarme la historia de su marido contra mi voluntad, marcaron las 4 de la mañana y la mujer parecía por fin haberse desahogado.

Lo que me contó sonaba tan improbable y de mala suerte que creí que era puro cuento, y que eso no sucedía en la vida real.  Dudaba si debía publicarlo, no fuera a ser que me tacharan de mentiroso, o peor aún que todo hubiese sido verdad y se tomaran represalias contra mí por hacerlo público.

La mujer, que se hacía llamar Mercedes,  relataba que a su esposo, llamado Edgar,  siempre había sido un hombre justo y trabajador, que vivía para ella y su pequeña hija. El señor era un profesionista que había sido exitoso en su trabajo, no le faltaba dinero, tenía una hermosa familia y tenía una reputación impecable, sin embargo su vida se empezó a desmoronar.

Tanta riqueza le trajo problemas, fue secuestrado durante 4 largos meses y liberado después de pagar un rescate que lo dejó casi en la quiebra, a él no le importaba, su voluntad seguía inquebrantable, después de todo tenía a su familia y era lo único que necesitaba.

Después de ese desafortunado incidente el destino le jugó otra treta y se vio envuelto en un enfrentamiento entre el crimen organizado y los policías, recibió varios impactos de bala en su cuerpo, extraordinariamente vivió para contarlo. A pesar de que las balas no atravesaron su alma, si le quitaron un poco de su aliento al perforarle los pulmones y dejándole secuelas.

Pasados varios meses, pudo recuperarse y trabajar de nuevo para salir adelante, lo único que verdaderamente lo entristecía del tiempo que perdió secuestrado y en el hospital era no poder estar con su familia y no poder brindarles todo lo que él quería.

La tragedia del pobre hombre no paró allí,  la policía lo confundió con un prófugo y terminó en la cárcel, el sistema judicial lo condenó a 5 años de prisión por evasión de impuestos, aun cuando fue el gobierno el que traspapeló los pagos puntuales de Edgar.

Mercedes me contó que ella y su hija estaban realmente tristes y se sentían impotentes de no poder sacarlo de la cárcel, me dijo que lo único que las mantenía en pie, al igual que a Edgar era la esperanza de que algún día volvieran a reunirse y ser una familia de nuevo.

Edgar nunca tuvo ideas suicidas hasta que recibió una llamada en la cárcel, su hija había muerto, Mercedes no quiso decirme como murió, y la verdad yo ya no tenía ganas de seguir hablando.

Al día siguiente, desperté intranquilo, no había dormido bien. Estaba preparándome el desayuno y tratando de recordar lo que había pasado anoche, todo lo recordaba a la perfección a excepción de cómo había llegado a mi departamento y no estaba muy seguro de haber enviado mi reportaje sobre el suicidio de Edgar.  Para asegurarme revisé mis correos enviados, no había ningún mensaje enviado y el periódico ya estaba impreso y repartido, seguro que mi editor se molestaría conmigo por no haberle mandado la nota.

Para mi mala suerte al llegar al trabajo me lo encontré.

 –Lo siento señor estaba tan cansado anoche que no pude enviarle mi nota, pero podríamos publicar un reportaje acerca de éste hombre, mire…- de nuevo fui interrumpido.

-¿Pero de qué hablas?, Juan fue el que cubrió la nota de ayer- me dijo extrañado.

-Perdóneme pero yo estuve 3 horas trabajando y pasé varias penas para conseguir esa nota, usted mismo me llamó para que cubriera el hecho- reclamé.

-Está usted equivocado, revisé sus llamadas y verá que tengo razón- me dijo y se marchó rápidamente.

Inmediatamente saqué mi teléfono y revisé las llamadas, efectivamente no había llamada alguna, no había otra explicación, debió de haber sido un sueño muy real, demasiado a mi parecer.

Al terminar mi jornada, me dirigí a mi departamento, había terminado de cubrir un evento social como fotógrafo así que debía revelar las fotos que tomé.

Después de un rato revisé todas las fotografías, al ver la última de ellas me quedé boquiabierta, mis ojos no podían creerlo, era la mansión que había visitado en mis sueños, tal y como recordaba, parece que la imagen fue captada en el momento en el que choqué con el árbol y la cámara se precipitó al suelo.

El sueño era más que eso, lo sabía era demasiado real. Tardé meses en averiguar su propósito; por primera vez me interesé en una noticia verdaderamente, buscaba con pasión todo lo que pudiera tener alguna relación con lo que me pasó y al final mis esfuerzos fueron recompensados.

Encontré la locación de mi sueño y entré en la casa justo cuando Edgar se disponía a ahorcarse, evité la muerte de un solitario hombre que recién abandonaba la difícil vida en la cárcel para vivir una vida aún más triste y solitaria en una mansión abandonada y decaída al final de una vereda desolada y fría que en una época fuese un lugar lleno de vida y alegría pero que se había convertido en lo que era por la muerte de una madre y su hija.

Ahogadas en su auto que se hundió en el río al ser impactado por un vehículo que huía de la justicia y caer de un puente.

Le conté sobre la serie de eventos que me llevaron hasta ese instante, cayó de rodillas y comenzó a llorar, su esposa e hija lo habían hecho reaccionar a través de mí, le habían hecho ver que la vida continúa y que algún día se reencontrarían.

Edgar no fue la única persona a la cual le fueron abiertos los ojos esa día, yo había recuperado mi humanidad ante las cosas, encontré el sentido de mi trabajo, me di cuenta que podía hacer la diferencia.

 

 

 

 

 

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