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Unimos nuestras oraciones a la familia de Felipe Zamora

11:51 hs. | 14 de Noviembre | Portada

Unimos nuestras oraciones a la familia de Felipe Zamora

Lamentamos  con profunda  pena el fallecimiento de Felipe de Jesús  Zamora Castro, exalumno de la XXV Generación del Instituto Chapultepec.

Felipe se distinguió siempre por su formalidad,  capacidad de trabajo, actitud de servicio y congruencia de vida.

Despachaba  en la Secretaría de Gobernación como subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos.

Unimos nuestras oraciones a las de sus familiares , amigos  y compañeros.

Descanse en paz.

 Carta del Lic. Lázaro Migoya

Fui profesor, preceptor y amigo personal del hoy fallecido subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos, Felipe de Jesús Zamora Castro, desde que él estudiaba la Secundaria y la Preparatoria, en su natal Sinaloa.

En una casa modesta, vivía la familia Zamora Castro, típica representante de la clase media mexicana, trabajadora y luchona, de fuertes convicciones en lo político, en lo religioso y en lo moral. De ese ambiente de calidez, moral, lucha, reflexión y religiosidad vivas y coherentes, se nutrió Felipe; lo asimiló y pronto lo fructificó.

Su padre, don Esteban Zamora Camacho, escribía artículos de fondo, con sobria y atinada redacción, combinando el periodismo con la venta de seguros, lo cual le permitía una activa participación política en el Partido Acción Nacional. Su madre, doña Ninfa Castro, amable y recia, es una mujer fuerte como de la literatura bíblica, atendiendo plenamente a su hogar y familia.

En una época no democrática, y en un contexto de antigua raigambre priísta, don Esteban defendía con la palabra escrita y con la hablada, valores como la honradez, el trabajo bien hecho de los funcionarios públicos, la limpieza electoral y la legalidad en general, el respeto a los derechos humanos, la rendición de cuentas y la transparencia en los gastos del erario público, la honradez y probidad de vida de los gobernantes, la participación activa de los ciudadanos, y la pacífica resistencia activa, de la que dio testimonio personal: fue levantado en vilo y echado en camionetas policiacas cual si fuera bulto o delincuente, siendo de ello testigos y copartícipes sus propios hijos.

Ese ejemplo y contexto llevaron al joven Felipe, a participar apasionadamente en la acción y propaganda políticas. Un encuentro con un destacado miembro del PAN, le salvó de ahogarse en el activismo: “prepárate bien, sé un excelente abogado, y así servirás más y mejor al partido y a México, cuando sea su momento, y desde puestos más importantes”. Felipe tomó nota, y siguió ese camino, en paciente espera y estudio, sin anular totalmente su acción cívica y política.

Es ahí, en familias piadosas, de convicciones firmes, que viven y participan de sus ideales, que sustentan sus afanes con rigor intelectual, y viven la calidez humana, donde se fraguan hombres de bien, ciudadanos patriotas, trabajadores íntegros y personas de intachable honestidad como lo era Felipe; gente así honra a su familia, prestigia a sus grupos y partidos de pertenencia, y dignifica a la sociedad mexicana. Gente así no se logra de forma fácil ni rápida.  Hace falta tiempo, gente, instituciones, educación...

Descansa en paz, querido Felipe, gracias por tu idealismo patriótico y tus firmes convicciones morales y políticas. Ojalá revisemos los niveles necesarios de seguridad, y nos convenzamos de que, si no están garantizados, mejor es suspender un vuelo que izar la bandera a media asta en todo el país.

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